
Resulta difícil entender cómo un municipio que presume de tener algunas de las playas y paisajes más hermosos de la República Dominicana todavía convive con un vertedero a cielo abierto prácticamente frente a su costa y residencias.
¿Cómo se puede invitar a turistas a conocer Cabrera mientras toneladas de basura permanecen expuestas, contaminando el aire, el suelo y poniendo en riesgo nuestros recursos naturales? Es una contradicción hablar de un destino paradisíaco cuando, a pocos minutos de sus principales atractivos, existe un foco de contaminación que afecta tanto a residentes como a visitantes.
Lo más preocupante es que este problema lleva años sin resolverse. Han pasado distintas administraciones, se han hecho promesas, anuncios y reuniones, pero el vertedero continúa en el mismo lugar. Mientras tanto, quienes viven en Cabrera siguen esperando una solución que nunca termina de llegar.
En los últimos meses también han aumentado las quejas de personas que aseguran sentirse afectadas por el humo que genera la quema de basura. Muchos residentes afirman sufrir irritación en la garganta, tos, molestias al respirar y síntomas similares a la gripe cada vez que el humo se extiende por la comunidad. Una situación que preocupa y que merece la atención de las autoridades de salud y medio ambiente.
Cada incendio, cada nube de humo y cada montaña de desperdicios representan un golpe para la imagen de Cabrera. Ninguna campaña turística puede borrar la impresión que se lleva un visitante cuando pasa por esa zona y observa un vertedero al aire libre en un municipio que tiene todo para convertirse en uno de los principales destinos del país.
La pregunta ya no es si ese vertedero debe desaparecer. La verdadera pregunta es: ¿qué más tiene que pasar para que las autoridades actúen de una vez por todas?
Cabrera merece ser reconocida por el azul de sus playas, la belleza de sus paisajes y el potencial que tiene para el turismo, no por el humo y la basura. Si realmente queremos un municipio de primer nivel, este problema debe dejar de formar parte de las promesas pendientes y convertirse, por fin, en una solución definitiva.